Cómo Planificar la Rotación de Cultivos: Guía para Principiantes en 8 Pasos

Cómo planificar la rotación

La rotación de cultivos suena a cosa de gente con huerto grande y carpeta. Consiste sencillamente en no cultivar lo mismo en el mismo sitio todos los años, y la recompensa son menos plagas del suelo y mejor aprovechamiento de lo que le echas a la tierra.

Es además el único sistema del huerto que falla no por difícil, sino porque nadie lo apunta.

Familias, no hortalizas

Las plagas y enfermedades de las que huyes viven sobre una familia botánica, no sobre una hortaliza concreta. Así que la agrupación tiene que seguir la botánica y no el pasillo del supermercado, y ahí es donde se rompen calladamente casi todas las rotaciones.

La patata y el tomate son la misma familia y a los dos les da el mildiu. Rábano, nabo, colinabo, kale, repollo, brócoli y coliflor son todas coles, y todas cogen la hernia de la col. Cebolla, ajo y puerro van juntos. Judías y guisantes son leguminosas. Zanahoria, chirivía, apio y perejil forman otro grupo.

Poner tomate detrás de patata, o col detrás de rábano, parece una rotación y no consigue absolutamente nada.

La versión de cuatro bancales

El esquema clásico reparte todo en cuatro grupos y cuatro bancales: leguminosas, coles, raíces y todo lo demás, que es sobre todo la familia de la patata más las calabazas, el maíz y las ensaladas.

Cada año cada grupo avanza un bancal, siempre en la misma dirección, de modo que todo vuelve a su punto de partida al cabo de cuatro años. Ese plazo basta para dejar sin comer a la mayoría de los problemas del suelo que se acumulan bajo un cultivo repetido.

El orden no es arbitrario. Las leguminosas fijan nitrógeno y dejan las raíces en la tierra, así que detrás van las coles, que son glotonas de nitrógeno, y lo aprovechan. Las raíces van detrás de las coles, sobre un terreno abonado hace uno o dos años y no recién estercolado, porque el estiércol fresco bifurca zanahorias y chirivías. El estiércol y el compost se echan para los grupos glotones, y las raíces aprovechan lo que queda.

Cuándo saltarse las reglas

Un huerto pequeño no siempre puede tener cuatro bancales separados, y una rotación demasiado rígida para cumplirla es peor que una laxa que sí sigas. Incluso un baile de dos o tres años es mucho mejor que cultivar siempre lo mismo en el mismo sitio.

Algunos cultivos quedan fuera del sistema. El ruibarbo, el espárrago y los frutales son perennes y se quedan donde están, así que dales su terreno permanente en vez de intentar encajarlos. El calabacín, la calabaza y el maíz son poco exigentes con el sitio y sirven para rellenar el bancal que quede libre.

Si ya tienes hernia de la col o nematodo de la patata, la rotación por sí sola no lo limpia. Eso pide un descanso más largo, variedades resistentes y, en el caso de la hernia, encalar para subir el pH.

El registro es todo el sistema

Todas las rotaciones que se han venido abajo lo han hecho por lo mismo: llegado marzo, nadie recordaba qué había en cada bancal.

Así que dibújalo. Un plano aproximado de los bancales con qué fue dónde, con la fecha, guardado en un sitio donde lo vuelvas a encontrar. Son cinco minutos en otoño y es la única parte de esto que es de verdad imprescindible. Unas fotos del huerto a mediados de verano funcionan casi igual de bien y no cuestan ningún esfuerzo.

Ya que estás, anota qué fue mal y por qué, porque esa es la información que cambia el plan del año siguiente. Y prevé llenar los huecos: un terreno que queda vacío en otoño está mejor con un abono verde o un acolchado que desnudo todo el invierno, donde la lluvia apelmaza la superficie y lava los nutrientes.

Consejo. La rotación va por familias botánicas, no por lo que llamas a las cosas en la cocina. La patata y el tomate son la misma familia, y el rábano y la col también, así que poner uno detrás del otro no sirve de nada.

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