Cómo Cultivar Salvia: Guía para Principiantes en 8 Pasos

Cómo cultivar salvia

La salvia es de esas plantas que mueren de cariño. Viene de terrenos secos, soleados y pedregosos donde nadie la abona ni la riega, y un jardinero que haga las dos cosas es la principal amenaza para su vida.

Lo bueno es que los cuidados que pide son casi todos negativos. Dale un sitio soleado con tierra que drene y luego déjala en paz. Ese es casi todo el trabajo.

Lo que la mata es la humedad del invierno

La salvia aguanta el frío mucho mejor de lo que se cree. Lo que no aguanta es frío y humedad a la vez. Las raíces en tierra encharcada durante enero se pudren, y en primavera la planta no rebrota o rebrota por una sola rama triste.

Así que antes de preocuparte por nada más, resuelve el drenaje. Mezcla grava o arena gruesa en el hoyo de plantación. Ponla en lo alto de una pendiente, en el borde de un bancal elevado o junto a un muro donde la tierra se mantenga más seca. En suelo arcilloso, una maceta de barro es mucho mejor apuesta que intentar mejorar un bancal entero para una sola planta.

Y si la cultivas en maceta, quita el plato. El plato retiene un depósito de agua contra los agujeros de drenaje, que es justo la situación que quieres evitar.

Abonarla la empeora

La tierra rica y el fertilizante empujan a la salvia a un crecimiento rápido, tierno y frondoso. Suena a lo que quieres y no lo es. Las hojas se hacen más grandes y más sosas, los tallos se vuelven blandos y la planta entra en el invierno llena de tejido tierno que se pudre.

Los aceites aromáticos que hacen que valga la pena cultivarla se concentran en plantas criadas con cierta dureza. Una salvia en tierra pobre y con grava tiene hojas más pequeñas que saben bastante más.

Plántala, riégala mientras arraiga las primeras semanas y después apártate. Una salvia establecida en el suelo solo necesita riego en una sequía realmente larga.

Recórtala cada año, pero sin salir del verde

Abandonada a su suerte, la salvia se alarga, se abre por el centro y acaba siendo un anillo de brotes alrededor de un trozo de madera gris y pelada. Cuando llega a ese punto ya no se recupera de verdad.

La forma de retrasarlo es un recorte ligero cada año, justo después de florecer. Quita los tallos florales gastados y unos centímetros de brote, dándole forma de cúpula baja.

La regla que importa es dejar siempre hojas verdes por debajo del corte. La salvia rebrota de forma poco fiable desde la madera vieja pelada, así que la poda de renovación dura que funciona en lavanda o romero puede matarla sin más. Si dudas, corta menos.

Prepara el relevo antes de necesitarlo

Incluso una salvia bien cuidada suele estar pasada a los cuatro o cinco años. El centro se queda pelado, la producción cae y ninguna poda la devuelve.

En vez de que te pille por sorpresa, empieza pronto el relevo. En verano, dobla un tallo bajo y flexible hasta la tierra, raspa un poco la corteza por la cara que toca el suelo y sujétalo con una piedra o una grapa de alambre. Déjalo ahí. En la primavera siguiente habrá enraizado en ese punto y podrás separarlo de la madre y trasplantarlo.

No cuesta nada y lleva un minuto, y significa que el día en que la planta vieja se rinda ya tendrás su sustituta medio criada.

Consejo. Una salvia suele estar agotada a los cuatro o cinco años, hagas lo que hagas. Sujeta cada verano un tallo bajo contra la tierra y enraizará donde toca, así siempre tendrás una planta joven lista para sustituirla.

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