Cómo Cultivar Romero: Casi Todo el Mundo lo Riega de Más
El romero es un arbusto de terreno seco, pedregoso y achicharrado por el sol, y es de las pocas plantas de jardín a las que de verdad resulta más fácil matar con cuidados que con abandono.
El romero que se pone gris y quebradizo en una maceta del patio casi siempre se ha ahogado. Suena al revés, porque los síntomas parecen exactamente sed, y la reacción natural es regarlo más.
Por qué un romero ahogado parece sediento
Cuando la raíz del romero está en tierra mojada, se pudre. Una vez que se ha perdido una parte importante del sistema radicular, la planta ya no puede subir agua, aunque esté rodeada de ella. Así que la hoja hace lo que hace cualquier hoja que no recibe agua: se pone gris, apagada y quebradiza desde la punta hacia dentro.
Todo el instinto dice que hay que regarlo. Eso remata el trabajo. La prueba es meter un dedo un par de centímetros en el sustrato antes de coger la regadera. Si ahí abajo está húmedo, el problema no es la sed, y más agua lo empeorará. Un romero en tierra decente prácticamente no necesita riego una vez que lleva un año o dos plantado.
El drenaje, y por qué el barro se gana su sitio
Todo lo relacionado con cultivar bien el romero vuelve a lo mismo: sacar el agua de la raíz deprisa. Mezcla grava, arena gruesa o gravilla fina en el hoyo de plantación. Plántalo ligeramente por encima del nivel del terreno y no en una hondonada, para que el agua se aleje del cuello en vez de acumularse alrededor.
En maceta, el barro sin esmaltar es de verdad mejor que el plástico. La arcilla porosa deja salir humedad por las paredes, así que el sustrato se seca antes y de forma más uniforme. El plástico retiene agua en el fondo, que es justo el último sitio donde la quieres. Sea cual sea la maceta, necesita agujeros de drenaje libres y ningún plato debajo. Un plato con agua estancada en invierno mata un romero con más fiabilidad que la helada.
Abonarlo lo debilita y le quita sabor
Los aceites aromáticos del romero están más concentrados en plantas criadas a la dura: pleno sol, tierra pobre y poca agua. Si lo abonas obtienes crecimiento rápido y blando con menos aroma, y ese brote blando es además el que sufre en un invierno frío y húmedo.
Así que sáltate el fertilizante casi por completo. Una planta que lleve dos o tres años en el mismo sustrato quizá agradezca un abonado ligero en primavera, o mejor, un trasplante a sustrato nuevo con grava. En tierra no quiere absolutamente nada. Es el mismo principio del tomillo, el orégano y la lavanda, y por eso los cuatro van bien juntos en el mismo rincón soleado y olvidado.
La poda, y la línea que no puedes cruzar
Un romero al que nunca se poda se estira, se abre por abajo y acaba partiéndose por su propio peso. Un recorte ligero una vez al año tras la floración lo mantiene denso y alarga bastante su vida.
La regla que importa es no cortar nunca sobre madera marrón pelada. El romero no rebrota de forma fiable desde madera vieja, así que un corte fuerte sobre un tallo pelado muchas veces mata ese tallo directamente. Deja siempre brote verde por debajo del corte. Si la planta ya está leñosa y pelada por la base, no puedes renovarla como harías con un seto. Toma esquejes de las puntas tiernas a principios de verano, enraízalos y sustituye la planta. Los esquejes agarran con facilidad, lo que convierte al romero en uno de los arbustos más baratos de mantener indefinidamente.
Consejo. Un romero que se pone gris y quebradizo de golpe casi siempre se ha ahogado, no secado. La raíz se pudre en tierra húmeda y la parte de arriba muere después, por eso parece sed.