Cómo Cultivar Remolacha: Guía para Principiantes en 8 Pasos

Cómo cultivar remolacha

La remolacha es de los pocos cultivos que cuesta estropear de verdad. Germina con el suelo fresco, tarda unos dos meses y no necesita tutores, mallas ni podas.

Lo que separa una remolacha tierna de una fibrosa es el aclareo y el riego, y las dos cosas ocurren en el primer mes. El resto es paciencia.

Esa semilla no es una semilla

Lo que siembras es un glomérulo corchoso con varias semillas dentro, y por eso la línea de remolacha nace a matas en vez de en plantas sueltas. La mayoría ve una línea con buen aspecto, decide que está bien y la deja tal cual.

Esas matas compiten entre ellas toda la temporada y acabas con raíces pequeñas, duras y deformes. Aclara en cuanto puedas manejar las plántulas: corta las sobrantes a ras de suelo en lugar de tirar de ellas, para no mover la raíz de la que te quedas. Diez centímetros entre plantas está bien para una remolacha normal, siete si las quieres pequeñas para asar enteras.

Algunas variedades se venden como monogermen, con una sola semilla por glomérulo. Esas también piden algo de aclareo, solo que menos.

El riego es lo que las mantiene tiernas

Una remolacha que se seca hasta endurecerse y luego recibe agua no sigue creciendo sin más. Pega un estirón que el tejido viejo no acompaña, y acabas con una raíz partida por un lado o fibrosa entera.

La constancia es todo el truco. Un riego profundo una o dos veces por semana en tiempo seco vale mucho más que un chorrito diario, que solo moja los primeros centímetros y llama a las raíces a la superficie. Acolcha entre las líneas cuando las plantas levanten un palmo y la tierra aguantará esa humedad bastante más.

Por eso mismo la remolacha en maceta es más exigente que en el suelo. Una maceta se seca por todos los lados, así que en verano hay que mirarla casi a diario.

El suelo pobre no es el problema que crees

La remolacha come poco. Incorpora compost el otoño anterior si puedes y, por lo demás, déjala en paz. El estiércol fresco o un abono alto en nitrógeno te dan unas hojas magníficas y una raíz decepcionante debajo.

Las piedras y los terrones importan más que la riqueza. Una raíz que topa con un obstáculo se bifurca, así que una cama cavada y rastrillada hasta dejarla fina vale más que cualquier abono.

Una carencia sí aparece de verdad en suelos ligeros o muy calizos: el boro. Se ve como manchas corchosas marrones o negras dentro de la raíz. Si ya la has visto en esa misma cama, un abono de algas durante la temporada suele resolverlo.

Arráncalas antes de lo que te pide el cuerpo

Siempre tienta dejarlas una semana más para que engorden. No lo hagas. Pasado el tamaño de una pelota de tenis, casi todas las variedades se vuelven leñosas y pierden el dulzor, y eso no lo arregla ninguna cocción.

Empieza a arrancar cuando tengan el tamaño de una pelota de golf, quitando una de cada dos y dejando sitio a las demás. Retuerce las hojas en vez de cortarlas al ras, y deja dos centímetros de tallo, o soltarán todo el color en la cazuela.

Siembra una línea corta cada dos semanas desde la primavera hasta mediados de verano en lugar de una línea larga en mayo. La remolacha se guarda bien en un cajón con arena, pero una raíz joven recién arrancada es otra verdura, y el escalonado es la manera de tenerlas de junio hasta las primeras heladas fuertes.

Consejo. Pon los glomérulos en agua la noche antes de sembrar. La cubierta corchosa lleva un inhibidor de la germinación y el remojo se lleva parte de él, así que la línea nace varios días antes y mucho más pareja.

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