Cómo Cultivar Rábanos en Aproximadamente un Mes

Cómo cultivar rábanos

El rábano es el cultivo que se recomienda a los niños porque va rápido, y esa rapidez es también la razón de que decepcione tantas veces. Un mes no es mucho, y casi todos los fracasos con rábanos vienen de algo que se torció en cuestión de días.

Demasiado calor, demasiada sequía, demasiada densidad, o tres días de más en la tierra.

Todo hoja y nada de raíz

El fallo clásico del rábano es una hilera de matas frondosas y sanas sin nada debajo. Suele haber dos causas y se distinguen con facilidad.

La primera es la densidad. La semilla de rábano es lo bastante grande para manejarla y lo bastante pequeña para sembrarla de más, y si las plántulas se tocan entre sí sencillamente no hay sitio para que engorde una raíz. Aclara a unos dos centímetros en cuanto asomen. Da sensación de desperdicio y es la diferencia entre tener rábanos o tener hojas.

La segunda es el exceso de nitrógeno. Un bancal muy estercolado para un cultivo de hoja empuja al rábano a producir follaje a costa de la raíz. El rábano quiere tierra normal que se abonó para un cultivo anterior, no un bancal recién enriquecido, lo que lo convierte en algo ideal para sembrar entre hileras de algo más exigente.

El calor y el agua deciden el sabor

El rábano desagradablemente picante y fibroso es una planta que ha pasado estrés, y los dos estreses son el calor y el riego irregular. Un rábano criado rápido y de forma constante sale suave y crujiente; esa misma variedad criada en una racha seca y calurosa se vuelve fibrosa y áspera.

Así que riega de forma constante más que abundante, y en verano siembra en un sitio con algo de sombra de tarde en vez de en el bancal más caluroso que tengas. El rábano es, en casi todas partes, un cultivo de primavera y otoño, y conviene aceptarlo en lugar de pelearse. Las siembras de verano pueden salir, pero exigen atención, y son las que se ponen fibrosas. Una hilera sembrada a principios de otoño suele ser la mejor del año, creciendo hacia el fresco y con humedad de sobra.

Siembra poco y a menudo

Un sobre entero sembrado en una hilera da muchísimos más rábanos de los que nadie puede comerse en los pocos días en que están en su punto, y el rábano no espera. Esta es la costumbre más útil con ellos: siembra una hilera muy corta, medio metro o poco más, cada dos semanas durante la primavera y otra vez en otoño.

También son ideales para rellenar huecos. El rábano nace y se va antes de que los cultivos lentos necesiten el sitio, así que una hilera entre chirivías o coles es prácticamente comida gratis. Tradicionalmente se sembraban junto a cosas de germinación lenta como la chirivía precisamente para marcar la hilera, y siguen haciendo bien ese trabajo.

Arráncalos jóvenes y aprovecha las vainas

Casi todas las variedades están listas unas tres o cuatro semanas después de sembrar. Compruébalo apartando un poco de tierra del hombro de uno en vez de arrancarlo. Pasados de punto se ahuecan, se abren y al final la planta entera se sube a flor.

Si eso ocurre, no los arranques todos con disgusto. Un rábano en flor produce vainas verdes crujientes y picantes que están muy buenas crudas o encurtidas, y hay variedades que se cultivan justo para eso. Deja seguir a unas cuantas plantas que se te fueron y sacarás una segunda cosecha de una hilera que dabas por perdida, y si dejas secar esas vainas en la planta tendrás la semilla del año que viene gratis.

Consejo. Siembra una hilera corta cada dos semanas en vez de una larga de golpe. El rábano pasa de perfecto a fibroso en pocos días, y una hilera entera lista el mismo día se desperdicia.

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