Cómo Cultivar Orégano Que de Verdad Sepa a Algo

Cómo cultivar orégano

Casi todo el orégano de huerto decepciona, y casi nunca es culpa de la planta. Suele estar creciendo en un sitio demasiado cómodo y recolectado en el momento equivocado.

El orégano es de esas hierbas en las que las condiciones de cultivo cambian el sabor de forma drástica, no solo el tamaño. Un orégano bien abonado, bien regado y a media sombra da mucha hoja que sabe a muy poco.

La vida dura da sabor fuerte

Los aceites aromáticos que hacen que el orégano sepa a orégano los producen sobre todo las plantas a pleno sol, en tierra pobre y con poca agua. Es una planta de laderas mediterráneas secas, y todo su sabor está adaptado a eso.

Dale compost rico, abonado regular y un rincón sombreado y responderá creciendo rápido y blando. Consigues más hoja y mucho menos sabor. Así que ponlo en el sitio más soleado, seco y olvidado que tengas, a poder ser con grava mezclada en la tierra, y luego déjalo de verdad en paz. Un orégano establecido en tierra rara vez necesita riego en un verano normal.

La ventana de cosecha es estrecha y decisiva

Esta es la parte que más diferencia marca y la que casi nadie cuenta. El contenido en aceite del orégano sube según la planta se acerca a la floración, llega a su punto máximo justo cuando los botones se forman y siguen cerrados, y cae en cuanto las flores abren.

Así que vigila la aparición de los botones en las puntas y corta entonces. No en primavera con la planta joven y lozana, ni a finales de verano en plena flor con las abejas encima. Corta tallos enteros en lugar de arrancar hojas sueltas, llevándote hasta la mitad de la planta, y sacará brote nuevo para un segundo corte más adelante. Si solo coges unas hojas cada vez que cocinas, nunca pillarás ese punto y además la planta se irá estirando.

Se seca mejor que casi ninguna

El orégano es de las pocas hierbas que seca resulta tan buena como fresca, y en algunos platos mejor. Sus aceites son estables y la hoja seca rápido sin ponerse marrón, cosa que no pasa con la albahaca ni el perejil.

Corta tallos en fase de botón, átalos en manojos pequeños y flojos y cuélgalos boca abajo en sitio cálido, oscuro y aireado. Que los manojos sean pequeños importa, porque un fajo grueso se queda húmedo por dentro y coge moho. En una o dos semanas la hoja se desprende del tallo entre los dedos. Guárdala entera y desmenúzala al usarla, porque en cuanto rompes la hoja los aceites empiezan a escaparse.

Renueva la mata cada pocos años

El orégano se extiende con tallos rastreros y, como el cebollino y el tomillo, acaba quedando leñoso y pelado por el centro. Hacia el tercer o cuarto año verás que por dentro clarea mientras los bordes siguen bien.

Sácalo en primavera, parte la mata en trozos asegurándote de que cada uno lleve raíz y brote verde, y replanta los mejores. Tira el corazón leñoso. Es el mismo trabajo que dividir cualquier vivaz y lleva diez minutos. También puedes dejar que se acode solo, ya que los tallos que tocan el suelo suelen enraizar por su cuenta, y limitarte a levantar un trozo ya enraizado y cambiarlo de sitio.

Consejo. Cosecha el orégano justo cuando se formen los botones florales y antes de que abran. Ahí los aceites aromáticos están más fuertes, y es la diferencia entre un orégano que sabe y uno que sabe a hierba.

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