Cómo Cultivar Guisantes Que Llenen la Vaina

Cómo cultivar guisantes

El guisante es de los pocos cultivos en los que la versión de huerto no es solo mejor que la de tienda, sino otra verdura distinta, porque los azúcares empiezan a convertirse en almidón a las pocas horas de cosechar.

También es fácil, con dos excepciones que explican casi todas las hileras decepcionantes: pudrirse en tierra fría y encharcada al principio, y vainas planas y vacías al final.

Sembrar en tierra fría y mojada

El guisante quiere empezar en fresco, y la gente entiende eso como sembrar lo antes posible. Pero una semilla de guisante en terreno frío y encharcado sencillamente se pudre antes de germinar, y que una hilera entera no nazca casi siempre es esto y no una semilla mala.

La respuesta práctica es esperar a que la tierra se pueda trabajar en vez de perseguir una fecha, y mejorar el drenaje donde puedas. Si quieres una cosecha realmente temprana, empiézalos a cubierto: un tramo de canalón lleno de sustrato y sembrado denso es el truco tradicional. Cuando las plántulas midan unos centímetros, deslizas el conjunto entero a una zanja poco profunda ya preparada sin tocar la raíz. Los ratones son el otro peligro temprano, y se comen una hilera recién sembrada de forma sistemática. Empezar a cubierto también resuelve eso.

Entutora incluso las variedades enanas

Las variedades vendidas como enanas o autoportantes van mejor igualmente con algo por donde trepar. Sin nada se desparraman por el suelo, las vainas de abajo quedan en la humedad y se pudren, cosechar se vuelve un suplicio y entra el oídio porque no circula el aire.

El soporte no tiene que ser elaborado. Una malla tensada entre cañas funciona, y las ramas de poda tradicionales también, clavadas a lo largo de la hilera con las plantas aún pequeñas. Ponerlo pronto importa, porque el guisante se agarra con zarcillos según crece y una planta ya tumbada es difícil de convencer después. Las variedades altas quieren altura de verdad, hasta casi dos metros algunas, y la aprovechan si se la das.

El riego que llena la vaina

El guisante tolera bastante bien la sequía mientras hace hoja, lo que despista y lleva a tratarlo como poco exigente todo el ciclo. El periodo crítico va desde que abren las flores hasta que las vainas se han llenado.

Ahí es donde la falta de agua hace daño visible, dando vainas planas, mal llenas, o que cuajan y luego se caen. Un riego a fondo una o dos veces por semana durante la floración marca una diferencia clara en la cosecha. Acolchar a lo largo de la hilera antes de que empiece a florecer retiene esa humedad y ahorra bastante riego después.

No los abones y deja las raíces

El guisante fija nitrógeno del aire mediante bacterias alojadas en nódulos de sus raíces, así que se abastece solo. Un abonado nitrogenado generoso produce una masa de follaje exuberante y bastantes menos vainas, que es una forma frustrante de perder una cosecha por exceso de cuidados.

Cuando la hilera termine, no arranques las plantas. Corta las matas a ras de suelo para el compost y deja las raíces en tierra. Esos nódulos se descomponen y liberan nitrógeno donde el cultivo siguiente puede alcanzarlo, y por eso guisantes y judías preceden tradicionalmente a cultivos de hoja exigentes como las coles en una rotación. No cuesta nada y es lo más parecido a fertilizante gratis que produce un huerto.

Consejo. El guisante fija su propio nitrógeno, así que abonar mucho te da un muro de hojas y muy pocas vainas. Guarda el compost para el cultivo exigente que venga detrás.

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