Cómo Cultivar Capuchinas: Guía para Principiantes en 8 Pasos
La capuchina es la planta que le doy a quien dice que no se le da bien cultivar nada. Las semillas son lo bastante grandes para cogerlas de una en una, van directas a la tierra y la principal forma de fracasar es cuidarlas demasiado bien.
Eso último le pasa a casi todo el mundo. Una capuchina en buena tierra, regada a menudo y con algo de abono, se convierte en una mata espléndida de hojas redondas del tamaño de un plato y no da prácticamente ninguna flor.
La tierra pobre es todo el truco
A la mayoría de las plantas de flor se las empuja a florecer poniéndoselo cómodo. Con la capuchina es al revés. Dale nitrógeno y lo interpreta como un buen año para hacer hojas, y lo invierte todo en follaje.
Así que ponla en el rincón donde no desperdiciarías un cultivo de verdad. Tierra fina al borde de un camino, un hueco en un parterre de grava, la esquina seca y pobre junto a una valla. No incorpores compost y no la abones en ningún momento de la temporada.
Si la cultivas en maceta, usa sustrato corriente y nada más. Y si heredas una capuchina que es todo hoja y ninguna flor, la solución es dejar de regarla tanto y esperar. Reaccionan en cuanto las condiciones se endurecen.
Siémbrala donde se va a quedar
Las semillas son grandes y rugosas, y remojarlas una noche en agua tibia ablanda la cubierta y adelanta la germinación varios días. No es imprescindible, pero merece la pena.
Siémbralas a unos dos centímetros, directamente en el suelo, cuando haya pasado el riesgo de heladas. La capuchina tiene un sistema radicular basto al que no le gusta que lo muevan, así que criarla en alvéolos y trasplantarla suele dar una planta resentida que tarda semanas en arrancar. La siembra directa es más fácil y da mejor planta.
Mira en el sobre qué porte compras. Las trepadoras corren más de un metro y lucen cayendo por un muro, por el borde de un bancal o subiendo por un soporte bajo. Las de mata se quedan en un montículo compacto y son las de macetas y jardineras.
Lo del pulgón es cierto, con una condición
La capuchina atrae de verdad a la mosca negra y a otros pulgones, muchas veces más que las judías y las coles que crecen al lado. Plantada al final de una hilera se lleva buena parte de los pulgones hacia ella y los aparta del cultivo.
La condición es que eso solo ayuda si después haces algo. Una planta señuelo abandonada se convierte en un criadero, y habrás concentrado una población en vez de eliminarla. Cuando las capuchinas estén cargadas de pulgón, o los tiras con un chorro fuerte de agua, o arrancas los tallos más afectados y los retiras.
También atraen sírfidos y abejas, cuyas larvas comen pulgón, así que una mata cerca del huerto se gana su sitio de cualquier manera.
Se come entera
Las flores y las hojas jóvenes tienen un punto picante parecido al berro, y un puñado esparcido sobre una ensalada queda mejor que cualquier cosa que puedas comprar. Corta las flores por la mañana y úsalas ese mismo día, porque se marchitan en pocas horas.
Las vainas verdes, cogidas mientras están tiernas, se salan y se encurten en vinagre para usarlas como alcaparras. Deja unas cuantas vainas madurar y caer en la planta, y la primavera siguiente encontrarás plántulas saliendo solas por la misma zona.
Consejo. Las capuchinas se resiembran solas. Deja que unas cuantas vainas se sequen en la planta y caigan, y al año siguiente saldrán solas en el mismo bancal sin comprar un sobre ni sembrar nada.