Cómo Construir un Bancal Elevado al que de Verdad Llegues
Un bancal elevado es un cajón de tierra que nunca pisas. Esa frase explica casi todo su funcionamiento, y por eso el ancho del bancal importa más que la madera, las esquinas o la altura.
Acierta con las medidas y el bancal cumple durante una década. Fállalas y te pasas diez años metiéndote dentro y anulando la ventaja.
Metro veinte, y el motivo
La gracia de un bancal elevado es la tierra sin compactar. Una tierra que nunca se pisa conserva su estructura, sus huecos de aire y su drenaje, y las raíces la recorren mucho mejor que un terreno pisoteado cada vez que quitas hierbas.
Eso solo se sostiene si puedes llegar a todo el bancal sin meterte dentro. Para la mayoría de la gente eso significa un bancal de no más de metro veinte de ancho, trabajado desde los dos lados. Llévalo a metro y medio y empezarás a apoyar una rodilla o una bota en la tierra para llegar al centro, y en cuanto lo hagas con regularidad tendrás un cajón caro de tierra compactada. Si solo se puede acceder por un lado, porque está contra un muro o una valla, redúcelo a la mitad: sesenta centímetros es el límite sensato para un bancal de un solo lado. La longitud no importa igual, aunque un bancal de más de dos metros y medio invita a todo el mundo a cruzarlo por encima en vez de rodearlo.
Profundidad, y qué hay debajo
Treinta centímetros es un buen objetivo general. Basta para la gran mayoría de hortalizas, zanahorias y patatas incluidas, y aporta una ventaja real de drenaje sobre terreno pesado.
Lo que hay debajo importa tanto como la altura de los laterales. Salvo que construyas sobre hormigón macizo, deja la base abierta a la tierra. Lombrices, agua y raíces se mueven entre el bancal y el terreno, y un bancal sellado por abajo con plástico o malla se convierte en un contenedor grande con todos los problemas de riego de un contenedor. Si construyes sobre césped o hierba, pon cartón liso directamente en el suelo primero. Ahoga lo que hay debajo y se descompone en una temporada una vez lleno el bancal.
La madera, y qué no meter en la tierra
El cedro, el alerce o el roble sin tratar duran bien sin ningún tratamiento por sus aceites naturales y su densidad. La madera blanda corriente sin tratar, como el pino, sale mucho más barata y aguanta varios años antes de necesitar cambio, cosa que a mucha gente le compensa.
La madera tratada a presión que se vende hoy para jardín se considera en general adecuada para bancales de huerta, pero las traviesas de tren recuperadas son otra cosa. Muchas se trataron con creosota, que migra y ya no está autorizada para uso doméstico. Los postes de telégrafo viejos, igual. Si no sabes con qué se trató una madera recuperada, úsala en algo que no sea un bancal de comida. Forra el interior con plástico grueso si aun así quieres usar madera dudosa, dejando la base abierta.
Rellenarlo, y reponerlo para siempre
No rellenes un bancal elevado solo con tierra del jardín, sobre todo si esa tierra es la arcilla pesada de la que querías escapar. Se asentará formando un bloque denso. Una mezcla de partes más o menos iguales de tierra vegetal y compost, o algo parecido, te da estructura por parte de la tierra y materia orgánica por parte del compost.
En un bancal hondo, el tercio inferior puede rellenarse con material más basto: restos de poda leñosos, tepes puestos del revés u hojas de otoño. Se descompone y alimenta el bancal, y ahorra muchísimo compost comprado. Después cuenta con que el nivel baje. Un bancal recién llenado se hunde de forma notable el primer año según se descompone la materia orgánica, y sigue bajando más despacio después. Reponer con dos o tres centímetros de compost cada primavera es parte permanente de tener un bancal elevado, y además es todo el abonado que la mayoría de los bancales llega a necesitar.
Consejo. El ancho es lo que importa. Más de metro y veinte y acabarás metiéndote dentro para llegar al centro, lo que compacta la tierra y echa por tierra la razón de construirlo.