La Tierra Desnuda te Está Costando Agua Cada Día
El acolchado es una capa de material puesta sobre la superficie del suelo y dejada ahí. Esa es toda la idea, y por cada hora de trabajo hace más por un huerto que casi cualquier otra cosa.
Frena la evaporación, ahoga las plántulas de malas hierbas, evita que la lluvia apelmace la superficie, suaviza la temperatura del suelo y, al pudrirse, lo alimenta. Si a veces decepciona es porque se saltan dos detalles.
El acolchado no aporta humedad, conserva la que hay
Este es el detalle que más importa y el que más se pasa por alto. Una capa de acolchado es una barrera. Frena la salida de agua del suelo por evaporación, y también frena la entrada de la lluvia fina. Así que el estado en el que esté la tierra cuando acolchas es más o menos el estado al que te comprometes durante un tiempo.
Acolchar tierra seca en plena ola de calor sella la sequedad y puede dejar a las plantas peor que con el suelo desnudo. La secuencia correcta es regar a fondo primero, o mejor aún, acolchar al día siguiente de una lluvia de verdad, y poner la capa con la tierra de debajo bien húmeda. La misma lógica vale para el momento en primavera. El acolchado retiene el frío igual que aísla del calor, así que una capa gruesa sobre tierra fría a principios de primavera retrasará que caliente y frenará todo lo que hayas plantado.
El grosor, y mantenerlo lejos de los tallos
Demasiado fino y no hace nada. Dos centímetros de corteza quedan aseados y no frenan ni una hierba. Busca cinco o siete centímetros de material orgánico, y hasta diez con algo basto como la paja, que se asienta mucho.
Demasiado grueso, sobre todo con material fino como el césped segado o el compost puro, y consigues una plancha densa y sin aire que repele el agua en vez de dejarla pasar. El césped segado en concreto debe ir en capas finas y no de golpe, o se convierte en una costra babosa.
La otra regla es mantener el acolchado lejos de tallos y troncos. El material amontonado contra un tallo retiene humedad justo donde la planta menos la quiere, y en árboles y arbustos reblandece la corteza e invita a la podredumbre y a los roedores. Deja un anillo limpio de un palmo alrededor de lo leñoso, y un hueco menor en los tallos tiernos.
Elegir material según el trabajo
El compost y el estiércol maduro son la mejor opción general para bancales de hortalizas. Se descomponen en una temporada, alimentan el suelo directamente y las lombrices los bajan por ti.
La paja es barata, ligera y excelente alrededor de fresas, calabazas y patatas, aunque puede llevar semilla de hierba si en realidad es heno y no paja. El mantillo de hojas sale gratis si tienes árboles y es el más suave de todos. La corteza y la viruta duran mucho más y encajan mejor en caminos, arbustos y arriates de vivaces que en bancales anuales, porque se pudren despacio y estorban al sembrar y plantar.
Hay una preocupación que sale una y otra vez y es sobre todo un mito: la viruta de madera en superficie no roba nitrógeno al suelo de debajo de forma apreciable. Eso ocurre cuando el material leñoso se entierra y se mezcla con la tierra, no cuando reposa encima.
Dónde el acolchado no es la herramienta
El acolchado ahoga las plántulas pequeñas de hierba e impide que germine semilla nueva, y ahí está casi todo su valor como control de malas hierbas. Lo que no hace es resolver las vivaces ya establecidas. La corregüela, la grama, los romazas y los dientes de león atraviesan varios centímetros de acolchado sin despeinarse y hasta pueden agradecer las condiciones. Sácalas antes, o simplemente las estarás escondiendo.
Tampoco pinta nada en un semillero recién sembrado. Las plántulas de zanahoria, lechuga o rábano no tienen ninguna posibilidad de atravesar una capa de acolchado. Siembra en tierra desnuda, deja que las plantas se hagan y acolcha alrededor después. En un bancal que ya has terminado por este año, el mejor acolchado suele ser un abono verde, que hace todo lo que hace un acolchado y además añade raíces vivas por debajo.
Consejo. El acolchado mantiene la tierra en la humedad que ya tiene. Echarlo sobre suelo seco sella esa sequedad, así que riega a fondo primero y acolcha justo después, con la tierra todavía húmeda.