La Semana Que Mata Más Plántulas Que las Heladas

Cómo aclimatar plántulas

Aclimatar es la tarea menos entretenida del calendario de semilleros y la que más trabajo echa a perder. Hay gente que pasa ocho semanas cuidando tomateras en una ventana y pierde la mitad en cuatro días por sacarlas fuera de golpe.

Las plantas no son débiles. Simplemente se han criado en unas condiciones que no existen a la intemperie, y necesitan tiempo para fabricarse el equipo que hace falta fuera.

Qué cambia de verdad al salir fuera

Una plántula de interior ha crecido con aire quieto, luz filtrada y calor constante. Tres cosas cambian en cuanto sale, y cada una le afecta de forma distinta.

La luz es la evidente. El cristal de la ventana filtra buena parte del ultravioleta, así que la hoja de interior no tiene pigmentación protectora, y el sol directo del mediodía la decolora en manchas pálidas en pocas horas. La temperatura es la que todo el mundo prevé, y es la menos peligrosa si metes las plantas por la noche. El viento es el que se olvida. Un tallo criado en aire quieto nunca ha tenido que resistir nada, así que es fino y blando. Las plantas de exterior desarrollan tallos más gruesos y fuertes precisamente como respuesta al movimiento. Ese proceso lleva días, y hasta que ocurre una racha fuerte tumba la bandeja entera.

Un calendario que funciona

Esto no tiene nada de preciso, y las plantas perdonan más de lo que la rigidez de muchas guías sugiere. Una versión aproximada: día uno, una hora fuera a plena sombra, resguardada del viento. Día dos, dos o tres horas. A mitad de la primera semana, casi todo el día con luz tamizada. Hacia el final, algo de sol directo de mañana, y todavía dentro por la noche.

Al empezar la segunda semana, déjalas fuera de noche si la previsión es suave, mejor pegadas a la pared de la casa, que se mantiene más templada que el terreno abierto. Las delicadas como tomate, calabacín y albahaca quieren las dos semanas completas. Las rústicas como coles, cebollas y lechugas suelen ir bien con una. Si entra frío a mitad del proceso, simplemente para y mantente donde estás unos días. No se pierde nada por ir más despacio.

Riega y abona un poco menos

Una plántula a la que se empuja con mucha agua y fertilizante hace un crecimiento blando y aguanoso, que es justo el que sufre fuera. Aflojar un poco durante la aclimatación produce tejido más duro y mejor sistema radicular, porque la raíz persigue la humedad en vez de quedarse sentada en ella.

Es cuestión de grado. No dejes que nada se marchite, porque una plántula marchita queda frenada y una plántula frenada puede subirse a flor o pararse semanas. Busca que la superficie del sustrato se seque entre riegos en vez de mantenerlo siempre húmedo, y deja de abonar del todo la última semana.

Trasplanta a la hora correcta del día

El paso final merece tanta atención como la semana previa. Trasplanta al atardecer, o en un día nublado, y dale a la planta una noche tranquila para recuperarse antes de enfrentarse al sol. Plantar a las once de la mañana de un día luminoso significa que la raíz está dañada y desconectada justo cuando la hoja pierde más agua.

Riega bien al plantar, lo que significa suficiente para asentar la tierra alrededor de la raíz y no un rociado ligero. Si los días siguientes vienen calurosos o con viento, una sombra provisional de velo, una maceta puesta del revés unas horas o incluso una rama con hojas clavada al lado la sacarán adelante. En cuanto haya sacado un juego de hojas nuevas ya en tierra, está lanzada y puedes dejar de preocuparte.

Consejo. El viento hace más daño que el frío durante la aclimatación, y es el factor que todo el mundo olvida. Una plántula criada en aire quieto no tiene fuerza en el tallo, y una tarde de rachas puede tumbar una bandeja entera.

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